Casi el 90% de la producción en acero es el llamado acero al carbono, que son aquellos que contienen carbono y hierro con pequeñas cantidades de materiales impuros. El problema con este acero es que al estar expuesto al medio ambiente, comienza a sufrir una corrosión de manera relativamente rápida, lo cual degrada sus propiedades físico-químicas por agentes naturales, que acorta su vida útil.

El método más común para prevenir la corrosión del acero es la galvanización, que es un recubrimiento con una capa de zinc. Esta protección genera una unión metalúrgica con el acero, y forma capas de aleación con el zinc.

Existen dos procesos industriales de galvanizar el acero: Los procesos por inmersión en caliente o electrodeposición, y los procesos en que se aplican a estructuras y/o perfiles pesados por inmersión de las piezas en tinas.

La capa de galvanizado sobre el acero se puede deteriorar con el tiempo, pero definitivamente en una técnica que prolonga la vida útil del metal. Así, el acero galvanizado tiene un sinnúmero de aplicaciones en la industria de la construcción, automotriz, fabricación de herramientas, etc.